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CRÓNICA PRIMER EQUIPO - ALCOBENDAS

Cisneros 18 – Alcobendas 24

Llegaba el líder al Central y el Cisneros se había preparado para la ocasión. Al reto de medirse con el equipo que domina la categoría, con su temible nómina, se unía el deseo del grupo de lavar las malas sensaciones que dejaron el partido de ida, el pasado mes de noviembre en Las Terrazas.

El Colegio saltó al campo decidido a mandar en el partido, a llevar el peso del juego y a no regalar la posesión. Muy aplicado y valiente desde el inicio, metió el juego en campo contrario y allí se desarrolló el primer cuarto de partido. La delantera colegial, con una notoria desventaja física, tiró de orgullo y obtuvo sus balones en las fases de conquista. Con ellos, el Cisneros propuso su juego dinámico y arriesgó en busca del ensayo. Los visitantes trataban de sacarse la presión de encima con el pie, pero el Colegio contraatacaba desde atrás con acierto y volvía a encerrar al líder en su zona de 22. Los azules movían con criterio a la experta defensa de Alcobendas, que tuvo que emplearse al máximo para evitar un ensayo que, por momentos, pareció inminente.

La presión defensiva que ejercían los visitantes exigía al ataque colegial una precisión que, lamentablemente, no alcanzó en esos primeros minutos de sofocante dominio local. Todo el rédito que alcanzó el Cisneros en ese primer cuarto de partido fueron tres golpes de castigo. Manolo pasó uno y erró dos, uno de ellos bastante asequible para su certero pie. 3-0. Corta renta para tan claro dominio sobre el juego.

En el minuto 20 el Cisneros cometió una infracción en un ruck en campo contrario que, tras una buena patada, permitió a Alcobendas disponer de una touche dentro de la 22 local. Era la primera incursión visitante en terreno enemigo. La touche derivó en un maul que avanzó hasta metro y medio de la zona de marca, donde la delantera colegial, tras ímprobos esfuerzos, consiguió detener el avance del pesado paquete visitante. Tras el maul, Alcobendas siguió exhibiendo sus recursos físicos y logró su primer ensayo relanzando a ras a su voluminoso tres cuartos centro que, en carrera y a esa corta distancia de marca, se convierte en un jugador imparable.

Esa jugada, que puso de manifiesto la diferencia de pegada entre ambos equipos, resumió en buena medida lo que fue el partido. Alcobendas, un grupo con mucho más arsenal que juego, apenas tuvo que exponer para sacar partido de los errores cometidos por el Cisneros. Su superioridad física y su experiencia le bastaron.

El Colegio acusó ese primer varapalo y surgieron dudas respecto al camino a seguir. El juego dejó de ser un monólogo azul, y Alcobendas, viéndose por delante en el marcador, tuvo más posesión. Así, el segundo cuarto de partido fue más equilibrado.

El Cisneros tuvo varias escaramuzas en la 22 contraria, todas mal resueltas y Alcobendas, por su parte, obtuvo de nuevo el premio gordo en su segunda incursión seria en la 22 azul. Los visitantes cometieron un avant a 15 metros de marca, pero la melé del Colegio no fue capaz de controlar la salida del balón, que quedó suelto obligando a la tercera local a cometer golpe de castigo por retenido. Alcobendas jugó rápido y la jugada acabó en ensayo. 3-12 en el minuto 29.

La facilidad con la que Alcobendas obtenía resultados en sus contadas aproximaciones a la zona de marca rival, chocaba con la dificultad del Cisneros para sacar partido de su dominio territorial. Probablemente esa realidad derivó en cierta frustración, y los locales atravesaron entonces por sus peores momentos del partido. La pérdida de fe en los argumentos demostrados en el primer tramo se hizo latente cuando Manolo y Paco se jugaron sendos drops lejanos en los minutos 30 y 31. En esos momentos, el Colegio estaba tocado, pero por suerte para los locales, Alcobendas no se salió del guión y mantuvo su tono apático y conformista de toda la tarde.

Poco le duró la pájara al Cisneros, que pronto retomó el mando y la cordura para conseguir dos golpes de castigo en los últimos cinco minutos. Manolo pasó entre palos el primero y erró el segundo, más lejano. Con 6-12 se llegó al descanso.

Era un resultado ajustado, pero no era sencillo sobreponerse al regusto de impotencia que había dejado el devenir de los acontecimientos a lo largo de la primera parte. El Cisneros había llevado todo el peso del partido, había defendido con ahínco, había arriesgado con el balón, había jugado bien al rugby, y con todo ello, se iba perdiendo al descanso. En frente, un equipo sin apenas posesión pero que había demostrado una incontestable capacidad para explotar su superioridad en los momentos críticos, dominaba el marcador.

La segunda parte empezó con sensaciones parecidas a las del final de la primera mitad. El Colegio mandó de inicio y con apenas un minuto transcurrido dispuso de un golpe de castigo ciertamente asequible para recortar la diferencia en el marcador. Pero el pie de Manolo, que tan importante ha sido a lo largo de la temporada para este equipo, no tenía su tarde, y el balón no pasó entre palos.

Poco después, en el minuto 6, en la primera escaramuza seria de Alcobendas en campo rival, dispuso de una melee dentro de 22, a pocos metros de marca. Nuevamente la pegada de los visitantes quedó patente con su tercer ensayo de la tarde, llevando el marcador a una ventaja ya considerable: 6-17.

Pero el Colegio no claudicó. Como el boxeador golpeado, tras poner la rodilla en el suelo, se levantó, se enjuagó la boca y volvió, a por ese ensayo que se le resistía. Y volvió a hacerse con el dominio del partido. Y volvió a jugar en campo rival con confianza y con determinación. En el minuto 17, tras una larga fase de dominio azul, la línea colegial atacó dentro de la 22 contraria. El movimiento de los centros abrió el hueco para que Prechous cortase y entrase hasta el ensayo, pero en el momento culminante, cuando el pase de Manoló llegó a Prechous justo cuando éste aparecía en el espacio libre, el balón le rebotó en el pecho y fue a parar a las manos de unos de los defensores visitantes, que ya batido, se encontró, por sorpresa, con el balón en las manos, y no tuvo más que emprender una larga carrera de 80 metros para llegar al ensayo.

En un instante, de lo que hubiese sido el 13-17 se pasó al 6-24. Tal vez el destino tenía una cuenta pendiente con nosotros, con Prechous y con todo el equipo, después del desenlace del partido en Valencia. Si no es así, cuesta entender esa fijación.

Pero esa concatenación de desdichas dieron pie a uno de lo episodios de mayor mérito de la temporada. Bajo palos, con poco más de 20 minutos por jugar, el equipo se rearmó. Donde cualquiera, ante tal cúmulo de infortunios, hubiera arrojado la toalla, los azules demostraron un carácter y un orgullo dignos de la camiseta que vestían. Ajenos al marcador, ajenos a clasificaciones, play-offs, ascensos y demás menudencias, el equipo retomó el partido decidido a pelear el siguiente balón como si en él les fuera la vida. Fieles al primigenio espíritu del rugby, el Colegio corrió hacia el centro del campo con la intención de disputar cada lance del juego en esos restantes 20 minutos como si de una cuestión de honor se tratase. Y así lo hicieron.

Con esa actitud, el Cisneros se adueñó del partido nuevamente. Se metió en campo contrario y encerró sus rivales en su 22. La delantera colegial, crecida, desatada, sometía a los visitantes que, impotentes, se veían forzados a cometer infracciones continuas para detener el avance azul. Como consecuencia de la reiteración de golpes de castigo, Alcobendas perdió dos delanteros por sendas expulsiones temporales. Finalmente, el largo asedió dio sus frutos y el Colegio consiguió, por fin, su primer ensayo de la tarde por medio de Santi Noriega, que posó el balón tras un avance de maul que se adentró en zona de marca rival. Manolo convirtió el ensayo y el marcador se situó en un, aún lejano, 13-24 con siete minutos por jugar.

Alcobendas, consciente de su inferioridad en esos momentos, sacó de centro con la idea de alejar lo máximo el balón de su zona de marca, pero la patada fue demasiado fuerte, y el balón salió directo por la línea de balón muerto. Conseguía así el Cisneros recuperar el balón con una melé en el centro de la cancha. Desde los pies del 8, Pablo Alcalde cogió el balón y, en un arranque de genialidad y de potencia solo al alcance de los elegidos, se lanzó en una imposible cabalgada en solitario atravesando las líneas enemigas que le llevó hasta la zona de marca visitante. Más de 70 minutos persiguiendo el ensayo sin éxito, y en apenas dos minutos, el Colegio consiguió dos marcas.

La conversión era compleja, pues el ensayo fue en la esquina, y Manolo no la pasó entre palos. 18-24 con poco menos de 5 minutos por jugar.

El Colegio estaba a tiro de ensayo transformado. Y Alcobendas estaba absolutamente superado por los acontecimientos. Tras el ensayo el Colegio atacó, avanzó y provocó una nueva infracción de los visitantes dentro de su propio campo. Manolo buscó la touche a 5 metros de marca con una patada. Pero, definitivamente, no era el día de su patada. El balón no salió por la banda, si no que atravesó la línea de marca y la posesión fue para Alcobendas.

El Cisneros aún dispuso de un último balón con el que atacó, buscando ese ensayo que hubiera convertido una frustrante derrota en una heroica victoria, pero no lo consiguió.

Hombre del partido: “Ex aequo” para los dos Santiagos. Férnández Varone por su trabajo en la primera línea de melé, su defensa, y más que ninguna otra cosa, por su liderazgo como capitán en los momentos más delicados. Noriega por su contundencia en el placaje, su trabajo en el ruck y su omnipresencia en ataque.

Por el Colegio jugaron: 1.Santi; 2.Mario (65’ Juan); 3.Frutas (55’Jesús); 4.Antoine; 5.Herme; 6. Jaime (50’Iñigo); 7. Noriega; 8.Matt; 9.Alcalde; 10. Olivares; 11.Beñat; 12.Nico (50’ Pedro); 13.Paco; 14.Ander; 15.Prechous (60’Marcelo)

Estaban en la convocatoria, pero no jugaron James y Petiso.

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