#lavisióndeVinuesa UE Santboina 34- Complutense Cisneros 30

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Lo del domingo en Santboi de Llobregat fue toda una cura de humildad para el Complutense Cisneros. Ofreció el equipo catalán una verdadera y valiosa lección de rugby y de competitividad a un equipo que se creyó vencedor a lo largo de la semana y que volvió en el AVE con los morros doloridos y el orgullo maltrecho.

Es evidente que no es la Santboina el equipo poderoso de la temporada pasada. Ni mucho menos. Despojada de buena parte del puñado de jugadores que marcaban entonces las diferencias conserva, no obstante, el irreductible espíritu de lucha que caracteriza al club y que ha convertido el Baldiri Aleu en una de los principales fortines de la División de Honor. La última vez que se ganó allí los balones eran de cuero y las camisetas de algodón.

Inició el Colegio el partido en plan arrollador. Encerraron de salida a los locales en las inmediaciones de su zona de marca y, durante largos minutos, acarició el ensayo. Santboi, contra las cuerdas, consciente de su inferioridad, se defendía con orden y con un impresionante compromiso colectivo en el placaje. Complutense Cisneros, un punto soberbio, optó por ir al lateral en un par de ocasiones, en busca de un maul que les diera el ensayo, en lugar de sumar 3 puntos con el pie. Para ahondar más en el dominio visitante, los catalanes, con el agua al cuello, perdieron temporalmente a sus dos flankers de manera sucesiva por reiteradas infracciones defensivas, con lo que entre el minuto 3 y el 24 el Colegio jugó en superioridad.

Lo que empezó siendo un avasallador y ordenado ataque del Colegio evolucionó, según avanzaban los minutos y la frustración ante la ausencia de puntos, en un desorden general, en el abandono de la solución colectiva y la búsqueda de la aventura individual. Y en esas estaba el Complutense Cisneros cuando se llevó el primer susto. Era, literalmente, la primera vez que la Santboiana pisaba campo colegial, en el minuto 17 de la primera parte. En inferioridad, con un tercera en el sin bin, los catalanes fueron a un saque de lateral en medio campo. Formaron la touche antes de que sus oponentes llegaran a disputarla. Varios delanteros colegiales vieron a sus rivales ganar el balón arriba mientras trotaban, remolones, hacia la formación. Atacó Santboi con determinación ante el desorden rival y logró superar la despistada defensa colegial. Se debían pensar los visitantes que aquel no era un partido para defender. Tal vez, bajo palos, mientras el pateador convertía el ensayo, alguno recordó que el rugby no consiste solo en pasarse la pelota y darse cabezazos contra el defensor.

El juego se fue, poco a poco, equilibrando, pero el Colegio seguía dominándolo con claridad. Volvió a tener serias opciones para anotar. En el 24 introdujo Manu Niño de manera parcial una melé a 5 metros de marca.

La segunda internada de los locales en campo contrario volvió a lograr recompensa. Un fuera de juego defensivo concedió un golpe de castigo lejano pero centrado que el pateador pasó entre palos. 10-0 en el minuto 28. Media hora de posesión y de aplastante dominio territorial, y 10 puntos de desventaja. Para hacérselo mirar.

Avanzaban los minutos. Crecía la desventaja y, con ella, la frustración y el desorden en un equipo aún en construcción, carente de liderazgos significativos y de mecanismos para controlar con criterio el juego. Y entonces llegó el colmo del esperpento. En un ataque de los locales en la franja central del campo, lejos de zona de peligro, perdió en el contacto el octavo catalán el control del oval, que fue al suelo. No obstante, antes de caer, parece ser que le golpeó en la rodilla. Todos, en el campo y en la grada, creyeron que era un avant claro. Todos menos el árbitro y el propio jugador, que al no oír el silbato, pateó el balón en el suelo, lo persiguió, lo levantó y trotó para plantarlo bajo palos. Mientras, los jugadores del Complutense Cisneros, despreciando una de las reglas básicas del rugby que se ha de aprender en las etapas más tempranas (aquella que dice que “hasta que el árbitro no pita, no se para”) miraban, brazos en jarras, la alegre carrera del tercera catalán. Al constatar que el árbitro le acompañaba y levantaba el brazo concediendo el ensayo, a la mayoría les mudó la cara. 17-0 en el minuto 30, ante la algarabía de la parroquia local, que celebraba un resultado tan cierto como inverosímil, visto lo visto.

El Colegio retomó su ofensiva, pero lo hacía cada vez con menos fe y, con menos orden. Logró, por fin, anotar un golpe de castigo en el 35, para el 17-3. Pero, presa de la ansiedad, no supo devolver el partido a campo contrario y cometió una infracción que metió a Santboi de nuevo en su veintidós. Era la primera acometida desde cerca de los catalanes, que jugaron desde el lateral a 5 metros y no solo lograron anotar el tercer ensayo, si no que, además, provocaron la expulsión temporal de Villanueva por una infracción flagrante. Así se llegó al descanso con el sonrojante 24-3 para el Colegio –no recuerdo un equipo capaz de acumular tal desventaja en el marcador con semejante ventaja en el juego-. Y, además, se veían obligados los visitantes a empezar la segunda parte en inferioridad.

Esta vez la charla táctica del descanso no fue ni charla ni táctica.

La segunda parte empezó con el Colegio decidido levantar el partido a las bravas. Renunció al orden y al control del tiempo del partido. Prefirió reventarlo y, confiado en su mayor pegada, convertirlo en un toma y daca. Comenzó encajando. Un golpe de castigo temprano por un retenido frente a palos al tratar de salir de zona de peligro jugando a la mano supuso el 27-3 nada más empezar.

Pero la apuesta del caos salió bien, y en el desorden de un partido abierto, llegó un ensayo de José Luis del Valle en el minuto 4 y otro de Tiago Girao en el 8 tras bloquear una patada defensiva de los locales. 27-15.

El partido no tenía guión, pero el campo estaba decididamente inclinado hacia la zona de marca que defendía Santboi. En el 15, desde una melé centrada a 30 metros de marca, Girao de nuevo se levantó desde la base, rompió el placaje y corrió para plantar bajo palos y, a continuación, convertir él mismo. 27-22 con 25 minutos todavía por jugar.

El Colegio había hecho lo más difícil. En un cuarto de hora se había vuelto a meter de lleno en un partido que parecía resuelto al descanso. La Santboina, cansada y perdiendo fuerza con cada cambio, ante la escasez de efectivos, se las veía y se las deseaba para mantener su ventaja en el marcador.

En el 22 Tiago pasaba entre palos una patada lejana pero centrada. 27-25. Debió Complutense Cisneros, que tenía ahí todas las de ganar, parar entonces el partido, meterlo en campo contrario y buscar los puntos que le faltaban sin arriesgar. Pero no supo retomar el orden y el mando del juego, y el partido continuó descosido hasta el final. Seguía el campo inclinado a favor del Colegio, pero los locales, como ya habían demostrado con claridad en la primera mitad, sabían hacer daño en cuanto se les daba ocasión.

Y con más fe que recursos logró Santboi asomarse y aprovechar las opciones que les daba el caos en el que se había convertido el choque. En el 25 falló una patada a palos. Después, en el 33, en un nuevo acercamiento de los catalanes, el octavo local rompía la defensa colegial y plantaba bajo palos su tercer ensayo del partido. 34-25.

Con poco más de cinco minutos por jugar, el partido parecía resuelto. Pero el Colegio volvió a anotar en una ataque prolongado que puso a Paco Hernández solo en el lateral. Paco plantó bajo palos, pero las prisas para convertir de drop malograron la conversión. 34-30 con mas de dos minutos aún por jugar.

Tuvo aún Complutense Cisneros una posesión para ganar el partido, pero la malogró por un error de manejo que acabó en un avant con el que acabó el choque.

Dos puntos (bonus defensivo y bonus ofensivo; curiosa paradoja, habiendo atacado rematadamente mal y sin haber apenas defendido) y, eso sí, una clase magistral de compromiso y competitividad fue lo que se trajo el Colegio de Santboi de Llobregat. Eso, y la acostumbrada derrota ante la Santboina que cada año, desde hace ya varias décadas, cosecha el Complutense Cisneros y a la que seguiremos abonados mientras no aprendamos a competir.

Jugaron por el Colegio:

1.Santi Varone (55’ Cesar de Sande); 2.Pablo Hayali (60’ Iker Monge); 3.Guillermo Espinós; 4.Iñaki Villanueva; 5.Guillermo Molina (55’ David Carretero); 6.José Luis del Valle; 7.Santiago Noriega (58’ Paul Florea); 8.Tiago Girao; 9.Manuel Niño; 10.Pedro Sanz (40’ Ángel López); 11.Juan Cano; 12.David Mota (65’ Mariano Alonso); 13.Paco Hernández; 14.Beltrán Carreras; 15.Matías Tudela.

Gabi Nogales completaba la convocatoria y no llegó a jugar.

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