#lavisióndeVinuesa Hermi El Salvador 21-26 Complutense Cisneros

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Que veinte años no es nada…

Buena parte de los jugadores no habían nacido la última vez que el Colegio ganó en Valladolid. Veinte años hacía que Cisneros no se clasificaba para unas semifinales de Copa. Pero a pesar de la innegable trascendencia de la victoria en la trayectoria del Club, logros como los del sábado pertenecen al equipo y solo en el vestuario es posible vislumbrar la magnitud de lo que supone para un grupo de deportistas superar barreras que llegaron a creer inalcanzables.

El partido estuvo claramente condicionado por lo que había ocurrido entre ambos equipos a primeros de noviembre, en el choque de Liga. La contundente victoria de los locales en aquel partido y el duro castigo con el que la delantera chamiza despachó entonces a sus rivales marcaron el ánimo con el que ambos equipos saltaron al Pepe Rojo el sábado por la tarde.

A los tres minutos de partido y tras un buen movimiento ofensivo, una penetración de Manu Sainz Trapaga metió al Colegio muy adentro de la veintidós chamiza, cerca de los palos. Una infracción defensiva pucelana ofrecía una excelente ocasión para abrir el marcador. Eran 3 puntos seguros, una excelente manera de empezar un partido como el del sábado, que se preveía táctico y cerrado. En la grada los entrenadores celebrábamos el buen arranque cuando, incrédulos, vimos que Ángel, en lugar de chutar a palos, se giraba hacia el lateral y buscaba una touche a cinco metros de marca.

Si algo había marcado la debacle colegial de noviembre había sido la touche. En aquel partido de infausto recuerdo, el peor del curso, la delantera azul y azul, siempre superada por sus rivales, había atravesado un verdadero tormento en cada saque de lateral. Y con esos antecedentes, “el gordo” Espinós, para espanto y disgusto de sus entrenadores, no miró a los palos. Confiado en el trabajo de las últimas semanas y en sus compañeros de delantera, decidió apostar a lo grande, dejar a las claras, desde el principio, que el Colegio no había viajado a Valladolid a medirse con El Salvador, que había venido a derrotarle y a limpiar las malas sensaciones de noviembre.

Mientras los entrenadores nos lamentábamos en la grada, la delantera colegial ganó la touche con solvencia y armó un maul que progresó y entró en marca, batiendo en el primer duelo del partido a sus rivales, sin duda uno de las paquetes más poderosos de España. Más que los cinco puntos, esa jugada estableció un nuevo equilibrio de fuerzas entre ambos equipos, al cimentar la reconstrucción de la confianza de una delantera que jugó un partido memorable.

A veces la mejor decisión no es la que marcan los cánones establecidos. A veces, en las grandes ocasiones especialmente, la mejor decisión es la que toma un capitán valiente y buen conocedor de las fuerzas de sus hombres. Tengo la seguridad de que esa decisión y el desenlace de la jugada marcaron el partido.

Vino a continuación la esperada reacción de El Salvador. Durante más de cinco minutos atacaron los locales y la defensa colegial se mostró sólida y contundente. Con un enorme compromiso colectivo en el placaje y mucha atención en la organización defensiva, esa primera acometida chamiza, paradójicamente, dejó muy buenas sensaciones a pesar de acabar con un ensayo. Un despiste echó al traste un largo trabajo colectivo y El Salvador se ponía por delante en el minuto 11, 7-5. A veces las sensaciones son más importantes que lo que al final acontece. A pesar del contratiempo, la defensa había sido muy buena, y así lo entendió el equipo, que no se vio en absoluto afectado por el ensayo.

Vinieron entonces los mejores minutos del Colegio. El equipo, confiado y decidido, se lanzó a por el partido y se adueñó del juego. En el minuto 14 una infracción defensiva cuando Complutense Cisneros se aproximaba a la veintidós rival le devolvió el mando en el marcador. 7-8. El Salvador intentaba retomar el control del juego merced a su dominio de la melé, pero la defensa colegial superaba, una vez tras otra, a la ofensiva chamiza. En el minuto 24 un nuevo golpe de castigo vallisoletano permitió a Ángel ampliar la ventaja en el marcador. 7-11.

En el minuto 28 el árbitro decretó un retenido a Mota a un metro escaso de la línea de marca, tras un largo asedio colegial. La escena se repitió cinco minutos después, y fue esta vez Iñaki el que, tras un larga sucesión de fases de la delantera azul y azul sobre la misma línea de marca, cometió la infracción. En el 35, Espinós inició una hermosa jugada al recibir en medio campo una patada defensiva rival. Llegaron los apoyos, Tiago y Juan avanzaron hasta veintidós y cuando el portugués dio el pase de ensayo a Manu Sainz Trápaga, el dedo salvador de un defensor vallisoletano frustró la jugada desviando el balón lo justo. Casi tan reconfortante como la victoria final fue disfrutar del equipo jugando y mandando de esa manera en el Pepe Rojo, ante un rival de la entidad de El Salvador.

Y precisamente esa entidad se puso de manifiesto en los últimos minutos de la primera mitad. Apretaron los locales en la melé, la única faceta del juego en la que se mostraban superiores y cómodos. Pusieron en aprietos al Colegio, que sufría mucho en cada melé. Se cobraron un golpe de castigo en medio campo que les permitió ir a un saque de lateral cerca de la línea de marca. El primer empuje desde maul no les bastó, pues se defendió bien Complutense Cisneros, pero desde la melé que vino a continuación sí logró el octavo del chami levantarse y posar el segundo ensayo de su equipo y poner el marcador al descanso en un apretado e incierto 14-11. Eso tienen los equipos grandes, que a pesar de ser dominados y sin apenas posesión, son capaces de minimizar las pérdidas y sacar provecho de sus fortalezas cuando les surge la ocasión.

La segunda parte se presentaba complicada. No era previsible que el claro dominio azul y azul de buena parte de la primera mitad pudiera prolongarse más allá del descanso, frente a un rival que saldría del vestuario con mayor intensidad y atención. Y así fue. Los primeros veinte minutos de la segunda mitad fueron duros y complicados. El chami llevó la iniciativa y metió al Complutense Cisneros en su campo. Y ahí, en la tormenta y frente a la adversidad fue cuando el Colegio no solo ganó el partido, sino que creció varios enteros como equipo de rugby.

Fue largo y penoso el asedio chamizo a la zona de marca colegial. Se sucedieron las touches y las melés en zona roja. Los locales, con un maltrecho Mamea incorporado desde el banquillo, acariciaron el ensayo en varias ocasiones, pero la defensa azul y azul se zafó con determinación y acierto. El equipo, convencido de sus opciones y obcecado en la empresa, se agarró con fuerza al partido y no lo dejó escapar en esos momentos de zozobra.

Mediada la segunda parte, cuando al chami le empezaron a flaquear las fuerzas, escampó. Complutense Cisneros recuperó el oval y dispuso de diez minutos de claridad en los que se adentró en campo rival y forzó dos golpes de castigo. El primero, en el minuto 22 supuso el empate a 14. El segundo, en el minuto 26, más lejano, se quedó corto. Poco después, en el 30, una buena jugada colectiva acabó con una pantalla entre Ander y Cano, cuando el ataque azul y azul se lanzaba decidido a por el ensayo que le habría de dar el partido.

Se veía a El Salvador cansado, pero el chami es mucho chami. Los últimos 10 minutos volvieron a ser un monologo vallisoletano. Acampados en la veintidós azul y azul, los locales quisieron ganar el partido con su melé. Pero la delantera colegial supo aplicarse y a pesar de su manifiesta inferioridad en el empuje, pudieron achicar agua y salvar el cuello, justo cuando parecía que todo acabaría como acabó el partido de la pasada primavera, cuando un postrero ensayo de Mamea desde una melé a cinco metros echó al traste otro magnifico partido del Colegio en el Pepe Rojo. Esos 10 minutos finales de infructuoso empuje de la delantera de El Salvador y de rabiosa resistencia azul y azul a escasos metros de la semifinal de Copa quedarán para la historia del Club de Rugby Complutense Cisneros.

Cuando el árbitro dio por concluido el partido y la eliminatoria se vio abocada a la prórroga, el Colegio lucia una medía sonrisa que contrastaba con el cansancio y la frustración de El Salvador. En la prorroga la fe y la ilusión del Colegio se impusieron sobre la fatiga local. En el minuto 4 el chami atacaba en la veintidós rival en busca de ese ensayo que tanto se le resistía, pero el Colegio no solo se defendía con solvencia, sino que se las apañó para recuperar el balón. Fran Soriano arrancó por el cerrado con un balón que en un segundo pasó de ser una peligrosa amenaza a convertirse en oro para el Complutense Cisneros. Corrió junto a la línea de lateral 50 metros, y ya en campo rival, cuando la defensa chamiza le cerró el camino, supo fijar y encontrar en el interior el apoyo de Cano. La jugada era mucho más compleja de lo que pareció. Cano apretó los dientes y se batió en una larga diagonal con el zaguero rival, al que derrotó en buena lid para anotar el segundo ensayo del Colegio en el partido. Ángel erró la conversión y el marcador quedó en un aún apretado 14-19, pero el golpe había sido definitivo.

Los minutos siguientes siguieron siendo de un Colegio crecido, que exhausto tras casi 90 minutos de batalla, se aferró a la ilusión para dar el golpe final a un rival que estaba próximo al KO. Tiago culminó con su potencia habitual una jugada colectiva para plantar entre palos el tercer ensayo azul y azul. Él mismo transformó para el 14-26.

Quedaba aún la segunda parte de la prórroga, pero el partido parecía ya resuelto. El Salvador no tenía ni fuerzas ni recursos para dar la vuelta al partido. Monopolizó el juego y el balón en los 10 minutos finales, pero Complutense Cisneros supo defenderse y no vio peligrar en ningún momento la ventaja en el marcador. Una marca postrera, muy cerca ya del final, fue todo lo que sumó El Salvador.

Y ahí está otro de los grandes logros del Colegio el sábado. Desde el minuto 40, en el que anotó su segundo ensayo, hasta el minuto 98 en el que anotó el tercero y último, Complutense Cisneros tuvo58 minutos de partido a El Salvador sin sumar puntos en el Pepe Rojo, con unas semifinales de Copa del Rey en juego.

Jugaron por el Colegio:

1.Cesar de Sande (Santiago Fernandez Varone 55’); 2.Pablo Hayali (Iker Monge 77’); 3.Guillermo Espinós; 4. Iñaki Villanueva; 5. Guillermo Molina; 6.José Luis del Valle; 7. Santiago Noriega (Martín Fernández Varone 60’); 8.Tiago Girao; 9.Gabi Nogales (Manu Niño 46’, Fran Soriano 79’); 10.Ángel López; 11.Manu Sainz Trápaga; 12.David Mota (Ander Ayala 60’); 13.Juan Cano; 14. Matias Tudela; 15. Paco Hernández

David Carretero completaba la convocatoria.

El crack: Juan Cano Jr. En un partido en el que es complicado destacar individualidades por el gran tono general de todo el grupo, sobresalió la figura de Juan, uno de los jugadores más veteranos del equipo y más antiguos en el Club, que supo transmitir a sus compañeros en todo momento la determinación y el hambre por una victoria que ninguno saboreó más que él.

El dandy: Paco Hernández. La lesión de Manu Niño le obligó a ocupar durante toda la prórroga el puesto de medio melé, y supo darle al juego, en un posición que le es ajena, el ritmo necesario para finiquitar a un rival cansado.

El duro: Iñaki Villanueva. En los inicios del partido no se amilanó al repeler una provocación de un delantero rival, dando pie al árbitro a que cambiara un golpe a favor por un golpe en contra.

¡Vaya día!: Santiago Fernández-Varone. Con su maltrecha espalada, aguantó casi 45 minutos de partido para ser expulsado cerca del final por una infracción que no cometió. “Te equivocaste”, le dijo al árbitro antes de abandonar el campo, andando todo lo erguido que su dolorida espalda le permitía y que su orgullo le exigía. Lo que acabó de hundirle fue que el chofer del autobús le golpeará la espalda con la puerta del maletero mientras él buscaba, agachado, su bolsa. Tumbado sobre el asfalto en una céntrica calle de Valladolid, sin poder levantarse, en su cara perduraba la sonrisa de un día que ninguno olvidaremos.

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