#LaVisióndeVinuesa AMPO Ordizia 19 –40 Complutense Cisneros

 

De nuevo un parabá multitudinario en campo rival. De nuevo un viaje de la escuelita que empuja al primer equipo en su ascenso por el rugby nacional. Con la victoria de ayer en Ordizia el Complutense Cisneros completa su particular grand slam vasco. Han vuelto victoriosos los colegiales en esta temporada de sus cuatro desplazamientos a Euskadi, y no es ésa, ni mucho menos, una empresa sencilla. Derrotar a domicilio a Gernika, Hernani, Getxo y Ordizia en una misma temporada solo está al alcance de un equipo listo para pelear por casi todo. Como dicen los padres del Sub 14, el mejor equipo del Club este año: “somos Cisneros, somos grandes”.

Ampo Ordicia se ha convertido en los últimos años en una verdadera referencia de la División de Honor. Aunque la pasada temporada ya consiguió el Colegio derrotar a los del Goierri en la Ciudad Universitaria, los guipuzcoanos siguen siendo uno de los cocos de la categoría, especialmente en su casa.

Viajaba Complutense Cisneros con el grupo recompuesto, recuperados ya buena parte de los efectivos ausentes en los dos últimos compromisos ligueros. El partido era muy importante para ambos equipos, que llegaban parejos en la clasificación y buscan colocarse lo más arriba posible de cara a los play off de mayo. Poco tardó el Colegio en adelantarse. El primer movimiento ofensivo metió al equipo en veintidós contraria y allí, el temprano ímpetu colegial provocó una infracción defensiva local que Tiago, imperial con el pie todo el partido, convirtió en el 0-3.

El choque fue tenso y equilibrado en su inicio. Ordizia, en desventaja en el marcador, pudo decantar de su lado el juego en los minutos posteriores, merced a la poderosa presencia de Muagututia, que ponía continuamente en jaque a la defensa colegial. En el minuto 7 un fuera de juego permitió a los vascos ir a palos y nivelar el partido. 3-3. El omnipresente octavo samoano exigía atención y contundencia en los contactos, pero Complutense Cisneros sabía lo que se jugaba.

Cuando los de azul y azul tenían el oval, mostraban que la velocidad de su juego también ponía en serios aprietos a la defensa local. Frente a un rival que pelea con ahínco cada balón dividido, el Colegio ganó el partido en el ruck, con el compromiso y la actitud de los apoyos de conservación, siempre raudos y contundentes.

El juego transcurría dividido y parejo, pero levemente inclinado hacia el lado de los locales, que en los minutos 18 y 24, merced a sendos golpes de castigos, abrieron hueco en el marcador: 9-3. Vino entonces la secuencia más relevante en el devenir del partido, que hasta ese momento estaba siendo intenso, duro y disputado, pero limpio. Ocurre a veces, en partidos de esta tensión, que algún circuito se sobrecalienta y alguien pierde el control, perjudicando seriamente a su equipo. La trifulca acabó con una necesaria tarjeta roja para el talonador guipuzcoano, una merecida tarjeta amarilla para Juan Cano por repeler la agresión y otra inexplicable tarjeta amarilla para Paco Hernández, que todo lo que hizo en el intercambio fue poner el pómulo en el que descargó el cortocircuito inicial.

Aprovechó el Colegio la infracción inicial del jugador guipuzcoano para ir a palos y fiar su suerte al pletórico pie de Tiago. 9-6 en el minuto 27.

El escenario cambiaba de manera relevante. Complutense Cisneros se enfrentaba a 10 minutos en inferioridad, con 13 jugadores frente a 14, pero cumplida esa doble expulsión temporal, tendría la ocasión de jugar el resto del partido en superioridad. Y vino entonces el mayor de los errores que cometió el Colegio en el partido. No supo jugar esos 10 minutos en inferioridad. Nadie sobre el campo supo leer lo que el partido demandaba en ese momento. Ninguno de los líderes del equipo fue capaz de ordenar calma y minimizar riesgos llevando el juego con el pie a campo rival. Con el subidón de adrenalina de la tarjeta roja al contrario, se empeñó el equipo en insistir, aún con 13 jugadores sobre el campo, uno menos que su rival, en su juego valiente y nada contemplativo y atacó desde campo propio con determinación. Bien es cierto que encadenó un buen número de fases y avanzó unos veinte metros desde campo propio hasta entrar en campo contrario, pero lo previsible ocurrió. Iñaki se lanzó contra la defensa en la enésima fase de un ataque largo y el apoyo de conservación no llegó. Ordizia recuperó el balón y jugó con criterio y velocidad para batir por primera vez a la defensa colegial y plantar en la esquina. 14-6 en el minuto 30 de partido.

Tras el saque de centro cometieron los locales una infracción. Pidió palos el Colegio. Vino entonces el único fallo de Tiago en todo el partido. Poco importó, pues aún en inferioridad, el equipo fue capaz de mantenerse en campo contrario. Dispuso de un saque de lateral Complutense Cisneros sobre la línea de veintidós de Ordizia y montó un maul que avanzó con facilidad hasta provocar una nueva infracción de los vascos a escasos metros de ensayo, bajo los palos. Ese maul fue toda una premonición de lo que habría de venir. La facilidad con la que la delantera colegial metió a sus rivales dentro de su zona de marca a base de empuje era un claro síntoma de que la batalla anímica del partido se estaba decantando a favor de los madrileños. Pidió palos el Colegio y Tiago puso el 14-9 con el que se llegaría al descanso.

En el último minuto de la primera parte un nuevo contratiempo acabó de lastrar las opciones de los del goierri. Su mejor jugador con mucho diferencia, el samoano Muagututia, se luxó un dedo de la mano en un choque fortuito con un compañero de equipo, y abandonó el campo lesionado. Camino del vestuario, Ordizia parecía ya un animal herido de muerte, a pesar de su ventaja en el marcador.

La segunda parte empezó con los vascos ambiciosos y agresivos, como no podía ser de otro modo. Dispuso Ordizia al poco de reiniciarse el partido de una melé a cinco metros de marca, pero se defendió con gran solvencia Complutense Cisneros y recuperó el balón.

El Colegio había salido del vestuario consciente de sus opciones y decidido a llevarse un partido que se le había puesto de cara. Poco tardó en ponerse por delante en el marcador. Manu Niño se puso al frente de la ofensiva y movió con mucha cabeza a su equipo. En el minuto 5, tras un largo ataque azul y azul, Paco, desde las postrimerías de la veintidós vasca, metió una inteligente patada rasa entre los centros rivales y Matias Tudela apareció solo y con mucho tiempo para levantar ese balón del suelo y plantarlo entre palos. La conversión puso el 14-16.

El Colegio monopolizaba el oval, pero el AMPO Ordizia se las apañaba para defenderse y mantenerse con vida en el partido. Y así fue mientras le aguantaron las fuerzas. En el minuto 12 dispusieron incluso los vascos de una oportunidad para retomar el mando en el marcador, pero no acertaron a embocar entre palos un golpe defensivo por manos en el ruck. En el 18, y con el partido aún en el alambre, Santi Noriega vio tarjeta amarilla por reiteración de infracciones, nivelando así el número de efectivos sobre el campo. 14 jugadores cada equipo. Pero Ordizia estaba cada vez más cansado. Una nueva infracción de un tercera línea local supuso una nueva expulsión temporal y devolvió la ventaja numérica al Colegio al entrar en el último cuarto de partido, ahí donde se deciden los choques igualados, ahí donde el cansancio y el desgaste acumulado pasa factura y los equipos sucumben al castigo acumulado en los 60 minutos previos.

En el minuto 21, en una nueva jugada brillante de todo el equipo, Manu Niño encontró un hueco en la defensa, buscó a Paco Hernández y éste, ya en la veintidós local, encontró a Manu Sainz Trápaga que apareció para culminar la jugada zambulléndose en la zona de marca rival. 14-23. Era un golpe aparentemente definitivo.

El equipo, pleno de confianza y físicamente mucho más entero que su rival, jugó unos pletóricos últimos minutos de partido, defendiendo con orden y con cabeza, y atacando con ritmo e intención. Cerca del minuto 30 llegó el tercer ensayo. Un nuevo ataque largo y trabajado acabó con una clara superioridad en el exterior que aprovechó Beltrán para plantar. 14-30.

En el último coletazo de rabia que le quedaba a Ordizia, llegó un nuevo ensayo de los vascos, en una jugada de mérito de todo el equipo. No transformó el pateador y el marcador quedó en 19-30. Pero inmediatamente después, en la siguiente acometida del Complutense Cisneros, Tudela colgó una excelente patada para que Tiago agarrara el balón a escasos diez metros de marca, se zafara del ala rival y plantara en marca el cuarto ensayo, el que otorgaba el bonus ofensivo. 19-37 a cinco minutos del final.

Aun tuvo tiempo el Colegio de hacer dos nuevas aproximaciones. En la primera decidió ir a palos tras una infracción defensiva local, y redondear así su cuenta hasta los 40 puntos. La conversión suponía el punto número 25 de un Tiago verdaderamente determinante en la anotación y en el resto de facetas del juego. En la última jugada Matías Cabrera, que debutaba de titular con el primer equipo, rompió la defensa y dentro ya de veintidós, y con la única oposición del zaguero rival para evitar el ensayo, optó por colgar una patada a un compañero que le apoyaba en el abierto. Equivocada decisión, especialmente siendo un segunda línea y teniendo las destrezas con el pie propias de un segunda línea. Por suerte, la jugada quedó en una anécdota.

Jugaron por el Complutense Cisneros:

1.Carlos Bachofer (Cesar de Sande 70’); 2.Pablo Hayali (Iker Monge 75’); 3.Guillermo Espinós; 4.Iñaki Villanueva (David Carretero 70’); 5.Matias Cabrera; 6.Guillermo Molina (Santiago Noriega 45’); 7.José Luis del Valle; 8.Tiago Girao; 9.Manu Niño; 10.Paco Hernández; 11.Manu Sainz Trápaga; 12.Mariano Alonso (David Mota 50’); 13.Juan Cano; 14.Fran Soriano (Beltrán Carreras 55’, Nacho Martínez 70’) 15.Matías Tudela.

El crack: Manu Niño, que dirigió con mucho criterio y enorme calidad el ataque colegial en esa segunda parte de aplastante dominio azul y azul.

El dandy: Paco Hernández, que adornó un gran partido como medio de apertura con un par de acciones llenas de clase, como el “rastrón” con el que habilitó a Tudela para el primer ensayo, o el largo pase a Manu Sainz Trápaga en el segundo.

El duro: Beltrán Carreras, que jugó cinco minutos con una fractura en el cúbito y con el brazo maltrecho logró el tercer ensayo del equipo. La caída sobre el brazo que agarraba el balón al ensayar fue ya demasiado castigo y tuvo que abandonar el campo.

¡Vaya día!: Juan María Rubert “Chendo”. El gran delegado, que a la enorme tensión con la que siempre vive el juego, tiene este año que añadir el esperpento reglamentario de la tramitación de los cambios. Ayer, por dos veces, estuvo el equipo con un jugador menos sobre el campo por la ineficiente actuación de esa demencial cadena burocrática (delegado federativo-juez de lateral-árbitro principal) que hay que atravesar para sustituir a un jugador lesionado.

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