La escuela en Francia

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De todos es conocida la persistencia de un niño: pueden preguntar mil veces una misma cosa hasta que lleguen a la respuesta que quieran. Pues multiplica eso por 48 y extiéndelo a lo largo de casi 500 Km. de viaje en autobús. ¿Hemos llegado a Francia? ¿Es esto Francia? ¿Cuánto falta para llegar a Francia? Porque lo que más ilusión nos hacía, era salir de España. Hacer un viaje que nos sacara de nuestro país y nos llevara a otro (alguno se desilusionó al enterarse de que no cambiábamos de continente, pero bueno, otra vez será). A las once de la noche, hartos de tanto autobús, llegamos al albergue de Irún (no habíamos conseguido pasar la frontera): una cena caliente, buscar las literas y a dormir (esa era la intención de los monitores que no consiguieron).

Por fin, el sábado a eso de las 9.30 atravesamos la frontera y nos dirigimos rumbo a los campos de juego de San Jean de Luz Olimpique en Chantaco. ¡¡¡Qué envidia!!! Dos campos de juego de hierba natural en plena naturaleza. El paisaje, maravilloso: a la derecha la montaña (verde la hierba y otoñales los árboles); a la izquierda la bahía de San Jean atisbada desde allí. La idea era empezar los partidos a eso de las 10.00 pero la cosa se fue retrasando un poco. Al final, cerca de las once empezamos a jugar. Sub 14 tuvo un muy duro partido con sus rivales. Un inicio tenso y disputado, algo de nervios pero con el extra de motivación de tratar de jugar con un equipo extranjero. Los sub 12 lucharon a brazo partido contra los suyos: algunos momentos fueron duros e incluso sucios pero, en términos generales, los sucesivos lances se fueron centrando en el juego y en la limpia batalla.

Por su parte los más pequeños empezaron sufriendo: un equipo de sub 8 todos de segundo año, les barrieron del campo (el sueño, los nervios y el cansancio hicieron aparición). Suerte que el resto de enfrentamientos se nivelaron y pudimos ver lo mejor de nuestro pequeños. Los sub10 a lo suyo: placar, placar, placar y placar. Mucha intensidad, mucho coraje y muchas ganas. En fin, mañana de gran rugby en Chantaco (como diría el clásico).

Una ducha y al pueblo. San Jean de Luz nos recibió con sus mejores galas: amainó el viento que nos había acompañado durante la mañana y el clima se suavizó. Comimos en la plaza de Luis XIV después de una explicación cultural en torno a la puerta por la que salió el Rey tras casarse. Pero no sólo comimos nosotros: lo hicieron los peces, las gaviotas e incluso las palomas de la plaza gracias a la generosidad de nuestros chicos. Después de eso nos fuimos a la playa y como si estuviéramos en Agosto, los más atrevidos decidieron darse un chapuzón. Lo sorprendente es que no fuimos los únicos, familias con niños más pequeños que los nuestros, estaban en las mismas. La segunda noche se prometía más tranquila: el cansancio iba asomando en los más pequeños. Pero los más mayores recibieron un subidón de adrenalina (o de testosterona, quién sabe): en la parte de abajo del albergue se celebraba una fiesta y había unas chicas que fueron perseguidas y piropeadas por nuestros más valientes muchachos ante la atenta mirada de Daniel Fernández Varone, convertido en un Félix Rodríguez de la Fuente observando el cortejo del muflón ibérico.

El domingo era lluvioso (y es que no hay viaje de la escuela en el que no nos acompañe algo de lluvia) pero había muchas ganas de ir hasta Ordicia y apoyar al primer equipo. El partido no lo comentaremos para no quedar eclipsados por la maravillosa crónica que Dani (el entrenador de los mayores) nos suele ofrecer. Pero, permitidme que le copie una sección. Esa en la que destaca a algunos de los más relevantes:

El crack: Olivia. La única chica que se apuntó al viaje. Sin lugar a dudas la más motivada en el bus, en los partidos y en cada una de las actividades del viaje. La próxima vez no puede faltar Harry Potter.

El dandy: Javier Juliá. Que se recorrió, sin despeinarse, las tres provincias vascas para llevar a Hayali al hotel de concentración. Su pericia con el Navegador es ya un clásico.

El duro: Óscar Ayuso. Los dos puntos de sutura en la cabeza no es nada comparado con lo que dejó en San Jean de Luz y en su mobiliario urbano.

¡Vaya día!  Diego Muñoz que se le ocurrió acudir a esta cita con una escayola en el codo. Lo tuvo que pasar mal sin poder jugar.

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